El ministerio danés real de asuntos extranjeros

BALLET, DANZA Y TEATRO

Foto: Mads Blangstrup y Silja Schandorff en Sílfide de August Bournonville, Ballet Real 1999.

Mads Blangstrup y Silja Schandorff en Sílfide de August Bournonville, Ballet Real 1999. Foto: Martin Mydtskov Rønne.

El ballet, la danza y el teatro daneses han conquistado un espacio propio en el panorama internacional; sobre todo el Ballet Real se ha hecho célebre más allá de las fronteras de Dinamarca gracias a sus giras por todo el mundo.

Otras compañías que han cosechado éxitos en el extranjero son el Ballet de Peter Schaufus, el grupo de «performance» Hotel Pro Forma y el grupo de teatro experimental Odin Teater de Holstebro. Sin embargo, las barreras lingüísticas a menudo han impedido que el teatro danés destaque fuera de su país.

El ballet danés

El Ballet Real debe la posición que hoy ocupa en el panorama internacional a la figura de August Bournonville (1805- 1879), cuyos ballets, representados en las diversas giras mundiales del Ballet Real, forman parte además del repertorio de muchas compañías extranjeras. Pero también el siglo XX ha proporcionado al ballet danés grandes bailarines y coreógrafos llamados a destacar fuera de Dinamarca.

El ballet danés antes de August Bournonville

El ballet de la corte –creado a imagen del francés– estuvo de moda en la Dinamarca de mediados del siglo XVII, pero la danza teatral propiamente dicha no aparecería sino un siglo más tarde, con la creación de un teatro nacional.

Cuando el Teatro Real abrió sus puertas en la plaza de Kongens Nytorv de Copenhague en 1748, poco a poco empezó a tomar forma un «corps de ballet» que en sus comienzos contó con directores artísticos italianos o franceses.

La escuela de ballet del Teatro Real se fundó en 1771, y en 1775 llegó a Copenhague el director y coreógrafo italiano Vincenzo Galeotti (1733-1816). Él fue el verdadero fundador del Teatro Real. Uno de los muchos ballets de Galeotti, Los caprichos de Cupido y del maestro de baile (1786), continúa formando parte del repertorio del Teatro. Se trata del ballet más antiguo del mundo representado ininterrumpidamente desde el momento de su creación.

El período de August Bournonville

A pesar de su nombre de resonancias francesas, August Bournonville era danés y reflejó en sus obras el pensamiento de la época, como también lo hiciera su buen amigo el escritor Hans Christian Andersen (1805-1875).

Bournonville fue director artístico del Teatro Real de 1830 a 1877, aunque con algunos períodos de interrupción. Familiarizado desde sus años de formación en París con las exigencias y la alta calidad de la danza internacional, logró encumbrar al ballet danés hasta la cima, tanto a nivel internacional, con su maestría, como nacional, con el estilo y el repertorio que hoy en día lo caracterizan. Bournonville fue responsable de las coreografías de cerca de cincuenta ballets, de los que apenas diez se han conservado hasta nuestros días. Entre sus principales obras cabe destacar Sílfide (1836), Napoli (1842), La kermesse de Brujas (1851) y Una leyenda popular (1854).

La palabra clave en la obra de Bournonville es armonía, tanto en lo que se refiere a su concepción de la vida como a su estilo. Al igual que otros artistas daneses de la Edad de Oro, Bournonville defendió una filosofía caracterizada por su fe en un mundo pleno de sentido.

Tras la desaparición de August Bournonville el ballet danés atravesó un período de estancamiento. Sus sucesores cuidaron de la tradición, principalmente Hans Beck (1861-1952), que a lo largo de la década de 1890 recopiló los pasos y variaciones de los ballets para las denominadas escuelas Bournonville, que aún hoy se utilizan para introducir a los bailarines en el estilo de Bournonville.

La renovación de Harald Lander

Con el siglo XX llegó la renovación del ballet danés. Las actuaciones de Mikhail Fokin (1880-1941), en 1925, y George Balanchine (1904-1983), en 1930 y 1931, supusieron toda una fuente de inspiración, pero fue Harald Lander (1905- 1971) quien condujo al ballet a un nuevo florecimiento cuya columna vertebral fue el juego de contrastes entre el repertorio moderno y la fidelidad a la tradición de Bournonville. Lander, que fue director artístico del ballet entre 1932 y 1951, llevó a este arte a una popularidad sin precedentes gracias a un repertorio construido en torno a la figura de la primera bailarina Margot Lander (1910- 1961). El punto culminante de su carrera fue Etudes (1948), que más adelante constituiría la base de todo su éxito internacional.

Teatros Subvencionados por el Estado 1990-2000

Durante el período Lander, también fueron fundamentales los ballets de Nini Theilade (1915- ), Niels Bjørn Larsen (1913-2003 ) y Børge Ralov (1908-1981). Este último, en colaboración con el escritor Kjeld Abell (1901-1961) y el compositor Bernhard Christensen (1906- ), fue autor de La viuda en el espejo (1934), el primer ballet moderno de Dinamarca.

Harald Lander formó a toda una generación de jóvenes bailarines, muchos de los cuales alcanzaron el reconocimiento internacional: Erik Bruhn (1928-1986), Toni Lander Marks (1931-1985), Kirsten Simone (1934- ), Henning Kronstam (1934-1995) y Flemming Flindt (1936- ). La labor de la anglo-rusa Vera Volkova (1904- 1975) como pedagoga jefe del Ballet Real desde 1951 hasta su muerte también fue esencial.

El camino hacia la internacionalidad

En la década de los cincuenta, el Ballet Real prosiguió su camino hacia la internacionalidad. Todos los años se celebraron festivales de verano y el Ballet realizó giras por el extranjero y debutó en Estados Unidos en 1956. Toda una serie de los mejores coreógrafos de la época acudió a Copenhague para trabajar con el Ballet: George Balanchine, Birgit Cullberg (1908-1999), Roland Petit (1924- ) y Frederick Ashton (1904-1988), que en 1955 realizó la primera versión occidental del Romeo y Julieta de Prokofiev para el Ballet Real.

Niels Bjørn Larsen, el mimo danés más grande del siglo XX, dirigió el Ballet en la década de los cincuenta y la primera mitad de los años sesenta, aunque durante algunas temporadas (1956-1959) fue sustituido por Frank Schaufuss (1921-1997).

La nueva época

En 1966 Flemming Flindt se hizo cargo de la dirección del Ballet e introdujo la danza moderna (modern dance) en el repertorio. Debutó como coreógrafo con La lección (1963), basada en una obra teatral de Eugène Ionesco (1912-1994), autor con el que también colaboró en el mayor éxito del momento, El triunfo de la muerte (1972).

Los bailarines daneses salieron a escena con los pies descalzos en el ballet de Paul Taylor (1930- ) Aureola (1968), y toda una serie de coreógrafos de danza moderna se abrieron paso hacia el repertorio. No obstante, la escuela continuó formando excelentes bailarines clásicos que, sobre todo entre los hombres, destacan por su alta calidad, con nombres como Niels Kehlet (1938- ), Peter Martins (1946- ), Peter Schaufuss (1949- ), Arne Villumsen (1952- ), Ib Andersen (1954- ), Nikolaj Hübbe (1967- ) y Alexander Kølpin (1965- ).

Estos bailarines, en calidad de invitados o como miembros permanentes de compañías extranjeras, dieron a conocer la escuela y el ballet daneses; además, son muchos los expertos en Bournonville que han trabajado como profesores y formadores por todo el mundo: Hans Brenaa (1910-1988), Kirsten Ralov (1922-1999), Fredbjørn Bjørnsson (1926-1993), Flemming Ryberg (1940- ), Dinna Bjørn (1947- ), Eva Kloborg (1948- ), Anne Marie Vessel Schlüter (1949- ) y Frank Andersen (1953- ).

Tradición y renovación

Desde 1978 hasta 1985, el Ballet estuvo a cargo de Henning Kronstam y consolidó su fama internacional a través de varias giras y del Festival Bournonville de 1979, con el que se conmemoró el centenario de la muerte de August Bournonville. Fue un acontecimiento que demostró que, gracias al legado romántico, Dinamarca ha conquistado una posición de honor en el panorama mundial.

Frank Andersen, director artístico del Ballet entre 1985 y 1994, continuó la tradición iniciada por Bournonville. En 1991 logró que la reina Margrethe II realizara la escenografía de Una leyenda popular y en 1992 organizó otro Festival Bournonville.

Bailarines daneses en companías de danza extranjeras

Tomando como punto de partida el Ballet Real de Dinamarca, varios bailarines daneses se han labrado una carrera internacional. Entre ellos se encuentran:

Harald Lander: Coreógrafo internacional desde 1951 a 1971, Maître de ballet de la Ópera de Paris entre 1952 y 1963

Erik Bruhn: Solista internacional desde 1951, director artístico de la Ópera de Estocolmo en 1967 y 1971 y del Ballet Nacional de Canadá en 1983 y 1986

Flemming Flindt: Primer bailarín del London Festival Ballet entre 1955 y 1960 y de la Ópera de París entre 1960 y 1966, director artístico del Ballet de Dallas entre 1981 y 1989

Peter Martins: Primer bailarín del New York City Ballet entre 1970 y 1983 y más tarde director artístico del mismo

Peter Schaufuss: Primer bailarín del London Festival Ballet, del New York City Ballet y del Ballet Nacional de Canadá entre 1970 y 1979, director artístico del Ballet Nacional de Inglaterra entre 1984 y 1990 y de la Ópera Alemana de Berlín entre 1990 y 1994

Nikolaj Hübbe: Primer bailarín del New York City Ballet desde 1992

Dinna Bjørn: Directora artística del Ballet Nacional de Noruega desde 1990 hasta 2002 y del Ballet Nacional de Finlandia desde 2001

John Cranko (1927-1973) y John Neumeier (1942- ) fueron dos de los principales coreógrafos internacionales que aprovecharon el talento de los bailarines daneses para el drama psicológico. En la Dinamarca contemporánea no abundan los coreógrafos, pero Anna Lærkesen (1942- ) ha creado obras que desarrollan el estilo neoclásico con un talante muy personal, y el británico Tim Rushton (1963- ), el talento más reciente descubierto en el país, trabaja con bailarines clásicos y modernos en obras que van de la seriedad y la sensibilidad más absolutas hasta lo cómico.

Foto: Jens Jørgen Spottag y Kaya Brüel en el montaje de Woyzeck (1878), de Georg Büchner, realizado por Robert Wilson y con música de Tom Waits, Betty Nansen Teatret de Copenhague 2000.

Jens Jørgen Spottag y Kaya Brüel en el montaje de Woyzeck (1878), de Georg Büchner, realizado por Robert Wilson y con música de Tom Waits, Betty Nansen Teatret de Copenhague 2000. Foto: The Ocular One

El Ballet Real en la década de los noventa

Los años noventa fueron una década turbulenta para la dirección del Ballet Real. Peter Schaufuss la ocupó en 1994 y 1995; Johnny Eliasen (1949- ), de 1995 a 1997; Maina Gielgud (1945- ), de 1997 a 1999; Aage Thordal-Christensen (1965- ), de 1999 a 2001; por último, Frank Andersen que volvió en 2002. El Ballet Real de comienzos del siglo XXI es una compañía clásica moderna con un repertorio que, además de Bournonville, va desde Balanchine a los grandes ballets de Tchaikovski.

La compañía atraviesa una fase de transición en la que trata de hallar un equilibrio entre lo nacional y lo internacional. A lo largo de los últimos treinta años ha habido muchos artistas extranjeros en las filas del Ballet, que en la actualidad cuenta con cerca de noventa bailarines, de los que una tercera parte no se ha formado en la propia escuela del Teatro. Entre los principales bailarines daneses con talento para el estilo Bournonville y salidos de su escuela cabe mencionar a Johan Kobborg (1972-), Thomas Lund (1974- ) y Gudrun Bojesen (1976- ).

La estadounidense Caroline Cavallo (1969- ) ha demostrado, como antes lo hiciera la finlandesa Sorella Englund (1945- ), que también los bailarines extranjeros pueden ser maestros en el arte de Bournonville.

La danza fuera del Ballet Real

El mundo de la danza fuera del Teatro Real fue durante muchos años bastante limitado. Desde 1844, el Teatro de Pantomima del parque de atracciones Tivoli ha cultivado un género de pantomima que procede de la «commedia dell’arte» italiana y se funde con la tradición danesa del ballet.

La danza moderna tardó en llegar a Dinamarca. A finales de los años sesenta, pequeños grupos comenzaron a trabajar inspirándose en artistas americanos contemporáneos como Martha Graham (1894-1991) y Merce Cunningham (1919- ). Entre ellos destacan el grupo femenino Living Movement, fundado en 1971, y el de un antiguo primer bailarín del Teatro Real, Eske Holm (1940- ), fundado en 1974. Sin embargo, ninguna de las iniciativas de los setenta tuvo una larga trayectoria, al contrario que el Nuevo Teatro Danés de la Danza, surgido a raíz de los experimentos que la noruega Randi Patterson (1948- ) realizó hacia 1980. Con ella, el americano Warren Spears (1954- ) y la danesa Anette Abildgaard (1951- ) como coreógrafos, Dinamarca obtuvo una compañía moderna de primera categoría que en la actualidad dirige el coreógrafo Tim Rushton.

Los grandes espectáculos estivales como Festival of Fools y Dancin’ City, que llevaron a Copenhague las últimas tendencias del mundo de la danza internacional, también fueron fundamentales para fomentar el interés por la danza.

La danza de hoy

A comienzos del siglo XXI, la situación se caracteriza por la existencia de grupos pequeños, a menudo aglutinados en torno a la figura de un coreógrafo como, por ejemplo, Palle Granhøj (1959- ) en Århus y Kenneth Kreutzmann (1964- ) en Copenhague. En 1997, Peter Schaufuss creó una compañía propia con sede en Holstebro que apuesta por unos espectáculos llenos de energía interpretados por bailarines extranjeros. Una serie de iniciativas ha creado un entorno y unas posibilidades para la danza fuera del Ballet Real. En 1985 se fundó el centro de entrenamiento La Casa de la Danza; en 1992 Dinamarca consiguió unos estudios de danza moderna a través de la Escuela de Danza Moderna y, por último, en 1993 se inauguró la escena de la danza Dansescenen de Copenhague, destinada también a la danza moderna.

Desde 1977 el grupo Billedstofteatret, que más tarde cambiaría su nombre por el de Hotel Pro Forma, se ha movido en la frontera que separa la danza y el teatro. Su directora, Kirsten Dehlholm (1945- ), realiza espectáculos de una extraña, surrealista y vívida fantasía visual con los que Hotel Pro Forma ha realizado giras de gran éxito por el extranjero. Por último cabe destacar la labor del grupo Cantabile 2, otro representante de una forma teatral que va más allá de los géneros.

El teatro en Dinamarca

El alcance del teatro danés es, lógicamente, nacional, aunque su repertorio siempre ha combinado autores daneses y extranjeros (representados en danés), aunque se da la circunstancia de que actos relacionados con la esfera teatral de Dinamarca tienen repercusión internacional. En otoño del año 2000 el artista y director teatral americano Robert Wilson (1941- ) llevó a los escenarios del Betty Nansen Teatret de Copenhague una magnífica experiencia estética, Woyzeck, de Georg Büchner (1813-1837), y desde 1966 el grupo experimental Odin Teatret de Eugenio Barba (1936- ), con sede en Holstebro, ha actuado en numerosos puntos del planeta, lo que le ha valido un gran reconocimiento internacional.

El teatro en el siglo XVIII

Desde la Edad Media y el Renacimiento Dinamarca ya contaba con escuelas teatrales y recibía visitas de compañías itinerantes.

En 1722 Copenhague disponía de una sala de teatro permanente que ofrecía representaciones en danés en Lille Grønnegade. Se representaba a Molière traducido del francés, y Ludvig Holberg (1684- 1754) escribió una serie de originales comedias danesas con el propósito de escarmentar al pueblo y elevar su nivel moral. El politicastro (1722), que aún se representa hoy en día, fue la primera de estas excepcionales comedias que también se inspiraban en la «commedia dell’arte» italiana.

El Teatro Real, que continúa teniendo su sede en la plaza de Kongens Nytorv de Copenhague, en la actualidad en un edificio de 1874, dio cabida desde el inicio a los tres géneros, el teatro, la ópera y el ballet –acompa- ñados por la Capilla Real–, una tríada que se mantiene aunque en las últimas décadas se ha discutido acaloradamente su pervivencia.

El teatro en el siglo XIX

El drama de la segunda mitad del siglo XVIII estuvo dominado por una nueva sensibilidad moral y, a comienzos del siglo XIX, el Romanticismo nacional hizo su entrada con Hakon Jarl, de Adam Oehlenschläger (1779- 1850), representada en 1808. El culto romántico a la pasión se enfrentaba al repertorio Biedermeier cultivado, entre otros, por Johan Ludvig Heiberg (1791-1860), con representaciones satírico-musicales de la clase burguesa del centro de Copenhague. En este período dorado escribir para el Teatro Real, que desempeñaba un papel determinante en la vida cultural del momento, suponía un enorme prestigio.

Con la caída del absolutismo, en 1849, el Teatro Real pasó a ser propiedad del Estado. Desde una perspectiva puramente artística, un nuevo realismo hizo su aparición con nuevos temas de carácter político y social. Una serie de obras del noruego Henrik Ibsen (1828-1906) se representaron por vez primera en el Teatro Real, como por ejemplo Casa de muñecas en 1879, y en 1886 se fundó una escuela para formar jóvenes actores con un minucioso estilo realista-psicológico que se mantuvo vigente hasta bien entrado el siglo XX.

Aunque el Teatro Real tuvo un papel predominante, hacia 1850 nacieron otros teatros de corte más popular; el primero de ellos fue el Casino, en 1848.

El teatro en el siglo XX

Con el siglo XX el teatro profesional llegó a las ciudades de Århus, Odense y Aalborg. También en Copenhague apareció toda una serie de salas, como por ejemplo, el Betty Nansen Teatret 1869, que se convirtieron en serias competidoras del Teatro Real desde el punto de vista artístico y continúan siéndolo en nuestros días. En la década de los treinta se produjo, al igual que en otros países, una reacción contra el teatro naturalista con obras como La melodía que desapareció, de Kjeld Abell (1901-1961), una pieza emparentada con la revista que se estrenó en 1935. Otros dramaturgos dignos de mención fueron Kaj Munk (1898-1944) y Carl Erik Soya (1896-1983).

Tras la Segunda Guerra Mundial, el repertorio del teatro danés se hizo más internacional. La década de los cincuenta se caracterizó por la influencia del teatro del absurdo, procedente de Francia, y del realismo social de Inglaterra, mientras que Bertolt Brecht (1898-1956) no encontró aceptación hasta los años sesenta. Algunas salas pequeñas, con el Fiolteatret de 1962 a la cabeza, propiciaron un nuevo acercamiento entre actores y espectadores al que también contribuyeron en gran medida el teatro radiofónico y el televisivo. Los montajes para televisión que Leif Panduro (1923-1977) realizó en los años setenta sobre la vida y traumas de la burguesía demostraron que las fórmulas naturalistas continuaban gozando del favor del público.

Las instituciones del teatro danés

En 1968 cerró sus puertas la escuela del Teatro Real y se creó la Escuela de Teatro Nacional, que además de actores forma también directores, escenógrafos y técnicos. Además de la Escuela de Teatro Nacional, con sede en Copenhague, Dinamarca cuenta con otros dos centros de formación de actores reconocidos por el Estado, la Escuela de Interpretación del Teatro de Aarhus, abierta en 1949, y la Escuela de Interpretación del Teatro de Odense, abierta en 1941.

A lo largo de la década de los ochenta tuvo lugar una descentralización de la vida teatral danesa y el Teatro Real perdió su posición privilegiada, de manera que otras salas comenzaron a hacer notar su influencia. Además de las subvenciones públicas que se conceden al Teatro Real y a los teatros regionales de Århus, Aalborg y Odense, el Consejo del Teatro, dependiente del Ministerio de Cultura, también contribuye económicamente al sostenimiento de otras salas.

El teatro a comienzos del siglo XXI

En los años noventa el teatro danés, en vista de que el teatro como mensaje había entrado en crisis, advirtió la necesidad de una renovación. En los años posteriores se ha tratado de encontrar salida a esta crisis de dos modos.

Por una parte, el teatro –inspirándose en el ejemplo extranjero– ha ampliado su campo de actuación como organizador, y, hoy por hoy, apuesta por espectáculos con un éxito de público asegurado, especialmente musicales importados como Les Misérables y The Phantom of the Opera.

Por otra, la apuesta a favor de una serie de jóvenes dramaturgos daneses ha dado fruto. Estas nuevas figuras han logrado volver a construir el teatro como un lugar en el que discutimos y nos reconocemos a nosotros mismos, con lo que han convertido el teatro danés en un teatro contundente y próximo a la realidad.

Ha aparecido un sorprendente grupo de escritores y vitales directores de escena –a veces reunidos en una sola persona– en el que destacan nombres como los de Astrid Saalbach (1955- ), Peter Asmussen (1957- ), Peter Langdal (1957- ), Staffan Valdemar Holm (1958- ), Nikolaj Cederholm (1963- ), Morti Vizki (1963- ), Lars Kaalund (1964- ), Henrik Sartou (1964- ) y Line Knutzon (1965- ).

Erik Aschengreen
Crítico de danza,
profesor de universidad, dr.phil.

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