El ministerio danés real de asuntos extranjeros - vaya a la página delantera de um.dk   Publication  
 
 
     
 
 

1. AMÉRICA LATINA¹ EN EL SIGLO XXI – EL CONTINENTE DE LAS OPORTUNIDADES

Un renovado interés por América Latina

Por primera vez en varias décadas, América Latina ha incursionado en un periodo de crecimiento estable, del que casi todos los países del continente se benefician. La región latinoamericana constituye alrededor del 6% de la economía global y su proporción va creciendo. En comparación, la proporción de China en la economía global fue de alrededor de 5.5% en 2006. Brasil y México fueron en 2006 la 10ª y 14ª economía del mundo, respectivamente.

Gráfico 1: Crecimiento promedio del PIB en porcentaje 2001-2006, selección de países

Gráfico 1: Crecimiento promedio del PIB en porcentaje 2001-2006, selección de países

Fuente: FMI: Perspectivas de la Economía Mundial. Base de Datos (World Economic Outlook Database), Abril 2007

Las proyecciones muestran que el crecimiento económico de las próximas décadas será notablemente más alto en mercados como América Latina y Asia que en Europa y Norteamérica. Se espera que el crecimiento anual promedio del PIB en América Latina en el periodo 2007 al 2027 sea del 4.4%. En comparación, se espera que el crecimiento promedio en Europa occidental y en EEUU sea del 2.4%.

Gráfico 2: Proyección sobre el crecimiento del PIB, porcentaje 2007-2027

Gráfico 2: Proyección sobre el crecimiento del PIB, porcentaje 2007-2027

Fuente: Ministerio de Industria y Economía

Los últimos años de crecimiento se pueden atribuir a una política macroeconómica más estable, mayor volumen de inversiones extranjeras, alza de precio de las materias primas (especialmente de productos agrícolas, minerales, petróleo y gas natural) y aumento de las transferencias monetarias de latinoamericanos establecidos en el extranjero, lo que conduce a un crecimiento de la demanda en los países de origen. Sobre la base de las lecciones de la experiencia, la mayoría de los gobiernos han promovido en esta década reformas en la economía de mercado, así como la estabilidad macroeconómica. La inflación y el déficit presupuestario han declinado significativamente. El aumento de los ingresos fiscales se ha utilizado para disminuir la deuda pública.

Problemas del medio ambiente, efectos del calentamiento global y catástrofes naturales, tales como huracanes, inundaciones, deslizamientos, incendios forestales y sequías constituyen problemas crecientes en los países latinoamericanos. La deforestación, erosión y contaminación de los recursos del suelo e hidrícos perjudican especialmente a los grupos más pobres de población; pueden también convertirse en un riesgo para las futuras posibilidades económicas de la región.

Con sus grandes reservas de petróleo y gas, América Latina tiene potencial para asumir un papel importante en una economía global en la que la competencia por los recursos energéti-cos se acentúa. Los mayores ingresos del sector de hidrocarburos están mejorando en estos años la situación presupuestaria de los países productores y crean posibilidades para nuevas inversiones y programas sociales. En contraste, los países importadores de petróleo – incluyendo los centroamericanos – han visto reducido su margen de disponibilidad económica. En un mundo con una demanda creciente por energía y materias primas América Latina es importante.

América Latina – el continente de la desigualdad

América Latina tiene el ingreso nacional promedio por habitante más alto entre las regiones en desarrollo, pero las diferencias entre países son significativas. La desigualdad dentro de cada país es muy notable. De los 20 países del mundo con la distribución del ingreso más desigual, 12 se encuentran en América Latina, y el crecimiento económico de las últimas dé-cadas no ha conllevado una significativa reducción de la pobreza. Así, en 2006 vivían alrededor de 209 millones de personas de la población de 550 millones de la región aún en la pobreza, de ellos 81 millones en situación de pobreza extrema².

La pobreza ha inducido una muy amplia migración tanto al interior de la región como hacia afuera, especialmente a EEUU, de México y Centroamérica, y hacia España. Se estima que en 2005 había un total de 25 millones de emigrantes de América Latina en los EEUU. El volumen de las transferencias monetarias de latinoamericanos establecidos en Europa y EEUU es en la actualidad notablemente mayor que el del conjunto de la ayuda al desarrollo en la región – estimada en 2005 en 45.6 miles de millones de USD.

Se estima que 30-40% de la fuerza de trabajo en la región se encuentra desempleada o en el subempleo. Es decir, que existe una significativa fuerza de trabajo de reserva. El sector informal, caracterizado por carencia de regulación y protección, ocupa entre el 25 y el 70% de la fuerza de trabajo. En numerosos países hay aún problemas en cuanto a la protección efectiva de derechos laborales fundamentales, a lo que se agrega que la tradición de establecer amplios acuerdos de compromiso entre las diversas partes del mercado laboral, susceptible de contribuir a la estabilidad y cohesión social, es deficiente.

75% de la población latinoamericana vive en las ciudades. La desequilibrada distribución de la tierra ha sido un factor que ha contribuido a la fuerte urbanización que ha vivido América Latina en los últimos años. El desafío es convertir la urbanización en algo positivo.

Las experiencias latinoamericanas ilustran que el crecimiento económico es condición necesaria pero no suficiente para reducir la pobreza. Por ejemplo, Brasil y México, por esta razón, han combinado con pragmatismo reformas económicas de mercado y privatizaciones con políticas sociales más activas. Esto surge del reconocimiento de que programas sociales, promoción del empleo y una política de redistribución eficaz son necesarios, si se quiere reducir seria y efectivamente la pobreza y la desigualdad. Se necesita también de reformas más ambiciosas – en el área fiscal, entre otras – a fin de aportar medios para las inversiones sociales y una mayor cohesión social.

Pero la creciente insatisfacción por la falta de progreso en las áreas económica y social ha llevado a la elección de lideres que desean un ajuste de cuentas más fundamental con los modelos tradicionales de desarrollo y propugnan soluciones radicales. Es de importancia decisiva para el desarrollo de la región, que la estabilidad democrática no se deteriore y que no se socave la confianza internacional en el clima de inversiones.

América Latina en 2020: Posibilidades de éxito

Las experiencias de los últimos años de crecimiento económico y desarrollo en América Latina muestran enfáticamente que una América Latina en progreso continuo es posible. Y aunque el marco de condiciones internacionales es importante, es también mucho lo que los propios países pueden hacer por si mismos:

  • Las posibilidades de crecimiento son mejores en una economía diversificada y de fuerte competitividad: En numerosos países, el crecimiento proviene de la exportación de pocas materias primas y productos agrícolas, o de sectores caracterizados por poco valor agregado. La elevación de la calificación de la fuerza de trabajo y una mejor y más amplia educación son condiciones para la futura competitividad.
  • Los países con estabilidad macroeconómica se encuentran en posición de mayor fuerza: Esto presupone políticas financieras, de divisas y monetarias equilibradas.
  • Un buen clima de inversiones atrae recursos: Se puede lograr a través del fortalecimiento de instituciones y legislación que creen un marco previsible y estable de condiciones para los inversores.
  • Democracias que funcionan bien y los principios del estado de derecho son factores fundamentales: Se requiere de instituciones fuertes y procesos democráticos que incluyan a todos los grupos de población y garanticen la estabilidad democrática; asimismo, se debe combatir la corrupción.
  • La liberalización del comercio debe profundizarse: La liberalización del comercio mundial en el marco de la OMC constituye el desafío más importante. Pero los acuerdos de libre comercio entre América Latina y la Unión Europea pueden constituir un complemento de importancia.
  • La integración regional es importante: Con la integración de los países latinoamericanos se crean mercados regionales cohesionados que promoverán el crecimiento económico en América Latina y que pueden atraer inversiones extranjeras. Con la integración viene también una cooperación política y estabilidad fortalecidas. La integración regional puede impedir que se desarrolle una América Latina de dos equipos, el “A” y el “B” consistentes, respectivamente, en los países ricos y los países caracterizados por la pobreza.
  • Reformas e inversiones sociales pueden reducir la pobreza y la desigualdad: Las reformas en el sector fiscal, entre otros, son una condición para la reducción de las desigualdades en las sociedades latinoamericanas. Si se quiere luchar contra la pobreza y la desigualdad, se necesita de inversiones sociales especialmente en educación y salud, así como de una política activa para el mercado laboral.
  • El desarrollo sostenible garantiza un éxito de largo plazo para la sociedad: La experiencia muestra que un éxito de largo plazo en el desarrollo se construye sobre la base de un modelo de desarrollo sostenible en cuanto al medio ambiente – con responsabilidad en la gestión de los recursos naturales y cooperación en la lucha contra el calentamiento global.
  • El narcotráfico es un desafío de importancia mayor: La producción y tráfico de narcóticos, la criminalidad organizada y el lavado de dinero son algunos de los problemas mayores que la cooperación internacional puede contribuir a combatir.

Democracias más fuertes, pero desafíos aún pendientes

Todos los países latinoamericanos cumplen con los criterios más comúnmente aceptados para la democracia – con la excepción de Cuba. Al nivel regional, con la suscripción de la “Carta Democrática Interamericana” en 2001, los gobiernos latinoamericanos se han comprometido formalmente a proteger y fortalecer la democracia en la región.

En términos generales, la situación de los Derechos Humanos se ha mejorado en las últimas décadas, pero persisten grandes desafíos. Organizaciones internacionales como Freedom House y Amnistía Internacional señalan la necesidad de fortalecer el respeto de los Derechos Humanos en Bolivia, Colombia, Guatemala, Haití, México, Nicaragua, Paraguay y Venezuela. Se clasifica a Cuba como el único país “no libre” en la región, con amplias restricciones a los derechos ciudadanos y civiles.

En numerosos países, los gobiernos han establecido y fortalecido instituciones tales como la función del Ombusmand, así como ratificado convenciones de Derechos Humanos y modernizado la legislación a fin de mejorar la seguridad jurídica. Varios países, entre ellos Chile, Argentina y Perú, están llevando a cabo procesos jurídicos contra anteriores regimenes dictatoriales. Pero todavía existe gran necesidad de reformas en el sector judicial para fortalecer la seguridad jurídica de los ciudadanos.

A pesar de que en la gran mayoría de países de la región, la violación de los Derechos Humanos ya no es más un resultado directo de las políticas oficiales gubernamentales, aún hay ejemplos de que la policía y el ejército son responsables de este tipo de violaciones. Importantes avances en el área legislativa no son siempre seguidos del necesario fortalecimiento de las instituciones que deberían crear las condiciones concretas para una democracia efectiva.

Los pueblos indígenas, que se estiman en un número de al menos 30 millones de personas, todavía constituyen un parte marginada de la población. Con frecuencia sus derechos sociales, culturales, civiles y políticos no son respetados – aún en países donde la población indígena constituye la mayoría de la población. A medida que la democracia ha ido avanzando, los pueblos indígenas, en grado cada vez mayor, han ido organizándose y tomando conciencia de sus derechos. Dinamarca ha contribuido a este desarrollo a través de su trabajo de cooperación. En el marco de las NNUU, Dinamarca ha igualmente trabajado para promover los derechos de los pueblos indígenas.

El camino hacia la equidad de género es aún largo. Por ejemplo, las mujeres están fuertemente subrepresentadas en la política nacional. En países como Brasil y Guatemala, las mujeres ocupan respectivamente alrededor del 10% y el 8% de los escaños en los parlamentos nacionales. El abuso sexual y la violencia contra las mujeres son un problema ampliamente repandido que conlleva además graves consecuencias económicas negativas. Se estima que hasta un tercio de todas las mujeres han sido víctimas de abuso y/o violencia sexual.

La iglesia católica sigue siendo un factor de poder importante que ejerce gran influencia, particularmente en ámbitos como el de la legislación del aborto.

La corrupción constituye un gran obstáculo para la construcción de instituciones fuertes, además de que socava la confianza de la población en la democracia y las autoridades. Con pocas excepciones – como Chile y Uruguay – los países latinoamericanos se encuentran aún situados en niveles de alta corrupción, según índices internacionales tales como el de Transparency International. La corrupción contribuye a una mayor desigualdad y a restringir el rol del aparato del estado en la distribución justa de los recursos. La corrupción y el nepotismo en la administración pública han provocado un creciente descontento hacia los partidos tradicionales, así como demandas por reformas más fundamentales que apuntan a una participación más amplia y a un más fuerte control sobre las autoridades públicas.

La consolidación de la democracia en América Latina y la legitimidad de los gobiernos democráticos se basa, en última instancia, en la capacidad de procurar progreso económico y social y seguridad personal. Si estas expectativas no se satisfacen, se propicia que lideres populistas con agendas radicales accedan más fácilmente al poder.

Paz en la región – pero amenazas de estados débiles

Las principales amenazas en contra de la seguridad de las poblaciones de la región provienen de estados con instituciones débiles y se refuerzan con la presencia de la criminalidad organizada, el narcotráfico, el acceso a armas y el deficiente control sobre parte del territorio de los países. La interacción de estos factores constituye una muy importante amenaza a la seguridad y va en rápido crecimiento en varios países centroamericanos. En la región andina en Sudamérica, la producción de narcóticos y el narcotráfico son una fuente continua de inestabilidad, que en el caso de Colombia está estrechamente vinculada al conflicto interno en el país.

Adicionalmente, la criminalidad organizada está ligada al tráfico de mujeres, tráfico de personas y al lavado de dinero. En las grandes ciudades de la región, la criminalidad en los barrios marginales de las ciudades representa un problema creciente de seguridad que, entre otras expresiones, se revela en el continuo y violento enfrentamiento entre los criminales y la policía. La criminalidad y la violencia tienen hondas raíces en América Latina. Una intervención de amplio espectro, que también enfrente las causas profundas que subyacen a la violencia, es una condición para la contención del problema. Esto ha sido reconocido por muchos de los países latinoamericanos.

No obstante, las tradicionales amenazas a la seguridad provenientes de grupos de rebeldes armados han ido disminuyendo en América Latina. Colombia es el país en que pervive hoy día el único conflicto armado en la región, la que en un pasado no lejano fue escenario de numerosas guerras civiles y revueltas. Se estima que la amenaza de ataques terroristas y el riesgo de la diseminación de armas de destrucción masiva son menores que en otras regiones.

El peligro de conflictos entre estados parece en la actualidad ser bajo, y la región se caracteriza por un muy bajo gasto militar – por debajo de 1.5 del PIB, en promedio. Los conflictos territoriales y las controversias relativas a los recursos se dirimen normalmente a través del diálogo y la negociación. En este contexto es positivo que países y organizaciones de la región, en cada vez mayor medida, manejen las relaciones regionales de seguridad. Esto se da, entre otras instancias, a través de organizaciones regionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Mercosur, así como a través de contribuciones significativas a misiones de las NNUU de estabilización – entre éstas el ejemplo de la misión de las NNUU de mantenimiento de la paz en Haití es especialmente importante.

América Latina y el Mundo

En la actualidad, América Latina da la imagen de una región caracterizada por una red de organizaciones regionales sobrepuestas y de mecanismos informales de coordinación (Anexo 1). La OEA es la organización política de mayor importancia en el continente y, entre otros aspectos, conforma el núcleo del Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

Hasta ahora, América Latina no ha aprovechado suficientemente el potencial para la cooperación económica y política. Varios países en forma individual y subregiones han establecido acuerdos de asociación y de libre comercio con la Unión Europea (Anexo 2), entre otros. Planes ambiciosos de acuerdos amplios de libre comercio – entre ellos la perspectiva de un área integral de libre comercio para las Américas (ALCA)

– han sido dejados temporalmente de lado debido a rivalidades entre los países. No obstante, la liberalización del comercio en la región en cierta medida ha sido exitosa – por ejemplo, las tarifas arancelarias han caido de un promedio de 40% a 10% en el curso de los años ’90.

La ausencia de mecanismos regionales vinculantes de cooperación debilita las posibilidades de América Latina de actuar como actor global para fortalecer en comunidad las oportunidades internacionales de la región.

Desde el punto de vista de la política exterior, es de esperar que América Central y Sudamérica vayan en direcciones distintas. Se puede prever que México, que es un actor regional fundamental, y los países centroamericanos continúen a orientarse principalmente hacia Norteamérica. A través de la cooperación del TLC (NAFTA), México se ha integrado económicamente en forma estrecha con EEUU y Canadá. Con el CAFTA – un tratado de libre comercio entre EEUU i Centroamérica – se espera que esta integración se ampliará. Tanto los países centroamericanos como México diversificarán al mismo tiempo sus relaciones económicas y políticas, entre otras medidas a través de un fortalecimiento de la relación con Europa. México ha ya establecido un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea (UE) y existe interés de ambas partes en fortalecer la cooperación. Un acuerdo de asociación entre la UE y Centroamérica se encuentra en negociación.

Se espera que Sudamérica, con Brasil a la cabeza, mantenga lazos estrechos con EEUU, pero que al mismo tiempo fortalezca su orientación hacia la UE y Asia, y continúe promoviendo la integración regional. Brasil representa un socio serio, con el que hay un interés global en conformar una cooperación – nos referimos como ejemplo a la cumbre UE – Brasil, que se realizó en julio 2007 y fue el comienzo de una asociación estratégica entre la UE y Brasil. La UE y Chile han establecido un acuerdo de asociación, y la UE y los países del Mercosur se encuentran en negociaciones para un acuerdo de asociación. La UE inició en 2007 negociaciones con los países andinos para un acuerdo de asociación (Anexo 2). Un creciente comercio con e inversiones desde Asia son de esperar. La ampliación de la demanda global de materias primas, promovida por el crecimiento de Asia, entre otros, contribuirá a ampliar la atención internacional hacia la región.

En estos años, Venezuela trata de promoverse como una alternativa a los valores y las estrategias económicas que predominentes y como una alternativa a los EEUU en la región. Venezuela ha alcanzado una creciente influencia regional, especialmente gracias al apoyo económico masivo a una serie de países y movimientos en América Latina. Venezuela ha establecido la cooperación económica ALBA (Alternativa Bolivariana para América Latina) que debe presentarse como una alternativa a los acuerdos de libre comercio con EEUU, y que hasta el momento incluye como miembros a Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela. En este sentido, hay contradicciones entre EEUU y Venezuela – pero no hay que sobredimensionarlas. La retó-rica antiamericana se usa en algunos lugares de la región como política interior. Sin embargo, esto sólo raramente influye en el intercambio económico. De esto da testimonio, por ejemplo, la masiva exportación de petróleo hacia EEUU.

Por el contrario, en gran parte de América Latina se busca un mayor compromiso de parte de EEUU. Se ha repandido la percepción de que la política exterior de EEUU ha descuidado América Latina desde el 11 de septiembre 2001. Es por ello que el gobierno de EEUU en los últimos años ha aumentado el nivel de prioridad de su compromiso en las relaciones regionales, esto se ilustra, entre otros aspectos, en las cada vez más frecuentes visitas de intercambio de alto nivel. No obstante, las prioridades esenciales de EEUU en América Latina siguen siendo el control de narcóticos, la promoción de la democracia y el manejo de la migración.

La UE es también un actor importante en América Latina. La UE es el segundo socio comercial de América Latina en orden de importancia y ha más que duplicado su intercambio comercial en el periodo 1990-2005. Se espera que este desarrollo positivo continúe – entre otros, gracias a nuevos acuerdos de asociación. La UE es la mayor fuente de inversiones directas en América Latina. La UE es también el mayor donante en la región. Finalmente, en el plano político, la UE representa un socio que ejerce una influencia importante en la región a través de las cumbres (UE-América Latina/el Caribe), el diálogo constante y la cooperación con países individuales y con organizaciones regionales en áreas de prioridad.


1 Hay numerosas y distintas definiciones de América Latina (o Latinoamérica): Designa comúnmente a los países de habla hispana/francesa/portuguesa en el continente americano (aunque frecuentemente se incluye a los países angloparlantes de Belice y Guyana, así como a Surinam de habla holandesa). En esta estrategia el término América Latina (o Latinoamérica) designa exclusivamente los siguientes países: Argentina, Belice, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Surinam, Uruguay y Venezuela.

2 Fuente: Comisión de las NNUU para la Cooperación Económica en América Latina y el Caribe (CEPAL) 2006. Se han determinado las definiciones de pobreza en base a los métodos de la CEPAL de cálculo de ingresos y alimentos, entre otros.




Esta página forma parte de la publicación 'DINAMARCA EN AMÉRICA LATINA ', como capítulo 1 de 2
Edición 1.0 de la publicación, con fecha de la versión 14-04-2008,
La publicación se puede adquirir en la direccción http://www.netpublikationer.dk/um/8793/index.htm

 

 
 
 
 
  Ministerio de Relaciones Exteriores © | www.um.dk