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5. Conclusiones

Este capítulo está organizado en torno a varias preguntas clave que se acordaron en el Marco de Evaluación original para complementar y cotejar los hallazgos y conclusiones obtenidos del examen detallado de las tres preguntas centrales de evaluación, en los capítulos anteriores del presente informe. Para dar las respuestas adecuadas a estas preguntas es inevitable la superposición o repetición de otras secciones, pero la validación es importante. Si bien los las ópticas que se aplicaron para llegar a estas conclusiones son diferentes, todas reflejan un cuadro coherente con los capítulos más detallados.

5.1 Relevancia: “¿Qué relevancia ha tenido la Declaración de París y su forma de aplicación para los desafíos de la eficacia de la ayuda?”

Sobre la base de la experiencia de los países socios y los donantes, casi todos los principios y compromisos de la Declaración resultaron relevantes para mejorar la calidad de la ayuda y de las alianzas necesarias para que funcione. Los métodos de aplicación de la Declaración en ocasiones han puesto presión sobre esta importancia, sin llegar a quebrarla, y esto ha dejado lecciones valiosas para tratar de lograr estos objetivos en el futuro.

Tres áreas específicas de menor importancia se han identificado en la evaluación. A nivel de principio, se ha debilitado la relevancia de la interpretación y aplicación de la “gestión por resultados”. Un enfoque limitado sobre los aspectos técnicos de los marcos de resultados e indicadores de gestión en la práctica ha oscurecido la intención original amplia del principio - el uso de información para mejorar las decisiones, el fortalecimiento del desempeño en la entrega de los resultados hacia objetivos de desarrollo claramente definidos. En segundo lugar, unos pocos compromisos concretos Declaración han demostrado ser poco realista - como la que pedía a los países socios “ofrecer una visión clara sobre la ventaja comparativa de los donantes” o han recibido poca atención aparente, tales como las destinadas a mejorar las evaluaciones ambientales. En tercer lugar, los estudios de países han demostrado que al menos cuatro indicadores de las encuestas de seguimiento han demostrado ser de relevancia cuestionable: las relativas al fortalecimiento de la capacidad de apoyo coordinado; reducir el número de “estructuras paralelas de ejecución; tomar el porcentaje de ayuda suministrada, con un enfoque basado en programas, como la medida de uso de mecanismos o procedimientos comunes; y, aumentar el número de ’controlables marcos de evaluación del desempeño.” [200]

En varias conclusiones clave se observan evidencias anteriores y orientaciones futuras para la relevancia de la Declaración:

  • Un grupo grande y diverso de países y organismos sigue demostrando un sentido compartido de apropiación y responsabilidad por la campaña de reforma, en la cual han invertido grandes esfuerzos. El contexto de cada país socio o donante afecta la forma de adopción y aplicación de estas buenas prácticas, pero se observa que la mayoría de ellas tienen sentido para casi todas las relaciones “de ayuda”.


  • Los principios y compromisos fundamentales de la Declaración se han nutrido de las prácticas anteriores de los diferentes países y donantes, las han ampliado y difun-dido, y éstas se han convertido en normas ampliamente aceptadas de buenas prácticas de cooperación para el desarrollo. También han proporcionado una visión conjunta y un lenguaje en común para el cambio.


  • En la mayoría de los países socios, estas normas y sus medidas de apoyo han ayudado a iniciar o sostener reformas que hacen al interés de los países.


  • Prácticamente todos los donantes expresan un compromiso permanente con estas normas, y señalan los cambios que han realizado para aplicarlas, en diferentes grados.[201]


  • Según lo registrado, durante la última década la campaña de reforma ha contribuido a apoyar el incremento general de los volúmenes de ayuda y, en la mayoría de los países donantes, a aumentar la proporción de los ingresos para la ayuda.


  • Estas normas también han atraído el interés de los proveedores de ayuda que se manejan fuera del marco de la Declaración, incluidos los Gobiernos no miembros de la OCDE y los socios de cooperación Sur-Sur, las organizaciones no gubernamentales y las fundaciones y organizaciones filantrópicas. Además, han estimulado un animado debate mundial sobre cómo mejorar la eficacia de todas las iniciativas de cooperación para el desarrollo.

Varias de las conclusiones también resaltan los factores principales que han puesto en tensión la relevancia de la Declaración:

  • La Declaración nunca tuvo por objeto prescribir un modelo rígido “de talla única” para todos los países, y su relevancia se ha visto en peligro cuando se la malinterpretó o se la aplicó erróneamente de esa manera.


  • Los puntos de partida para los distintos países socios y donantes fueron bastante diferentes: algunos ya estaban comprometidos y habían avanzado en la agenda de la eficacia de la ayuda mucho antes de 2005, y otros no tanto. Actualmente algunos casi parecen haber terminado la obra de la reforma en las áreas clave, mientras que otros apenas empiezan.


  • Incluso con este grado de extensión, el marco cronológico básico para las metas de la Declaración (que centraba en 2010 algunas expectativas y objetivos) apenas ha conseguido mantenerse relevante para todos los países hasta la fecha. Reajustar los marcos cronológicos seerá un desafío diferente para cada país a partir de 2010.


  • Entre los donantes, las tasas de aplicación de la Declaración son más desiguales. Los futuros marcos cronológicos tendrán que optar entre poner al día a los más lentos, aceptar que algunos donantes sólo están parcialmente comprometidos o retrasar las reformas de toda la comunidad de donantes. Cualquiera de las dos últimas opciones reduciría la importancia de cualquier campaña futura de reforma para los países socios.


  • En un pequeño grupo de economías emergentes y de ingresos medios, la ayuda ha ido reduciendo cada vez más su cuota de flujos de capital y recursos para el desarrollo, y están cada vez en mejores condiciones de ofrecer ayuda y experiencia a otros países. La Declaración sigue resultando relevante, pero de maneras muy específicas que se deben reconocer y aprovechar más eficazmente en la iniciativa general del desarrollo.


  • En las situaciones de fragilidad y de socorro humanitario, los principios y las prácticas de la Declaración han resultado más difíciles de aplicar, pero siguen siendo relevantes. Las adaptaciones deben ser más de grado que de clase: los donantes y otros actores externos deben compartir una cuota especial de responsabilidad por su aplicación flexible de las buenas prácticas, y deben ayudar a capacitar a los países socios.


  • A menudo, la reforma oficial de la ayuda se ha transformado casi en un fin en sí mismo, y no ha tenido suficientemente en cuenta el contexto más amplio de la ayuda, lo cual la llevó a perder relevancia. Es necesario restaurar la perspectiva realista que contenía la Declaración: ver a la ayuda como una sola parte de los recursos que los países y las personas pueden movilizar para el desarrollo, y tener en cuenta a los demás actores, fuerzas y acontecimientos que determinan su curso.

La prueba final de relevancia es el propio registro de aplicación. En su mayoría, la reforma de la ayuda bajo la responsabilidad de los países socios tardó en afianzarse desde 2000-2005, pero en la actualidad ya está arraigada en la mayoría de los casos. La obtención de apoyo político, burocrático y público para las reformas ha dependido de los intereses clave, y de que los actores crean en que los cambios valdrán la pena y serán viables. En la mayoría de los casos, el compromiso y los incentivos para aplicar el programa de reforma no fueron suficientes para generar el apoyo necesario por sí mismos. Sin embargo, resultaron decisivos cuando se combinaron con la percepción de cada país de la necesidad de mejorar sus sistemas, por razones más allá de la ayuda, como son una mejora de la gestión financiera, los regímenes de adquisición o las medidas de responsabilidad. En algunos países es evidente que se necesita más voluntad y compromiso político. Al mismo tiempo, la mayoría de los países socios tienen dificultades para encontrar o fortalecer las capacidades necesarias para aplicar las reformas de la Declaración en los marcos cronológicos previstos, y además reciben menos ayuda que la prometida para lograrlo. Se hace necesario entonces cuestionar, tal vez de manera más general la relevancia de los objetivos generalizados conectados con plazos para 2010.

Las reformas que se han pedido a los donantes en el marco de la agenda de la Declaración son menos exigentes, y las capacidades de los donantes para aplicar esos cambios son mayores. Sus riesgos, sin embargo, no son tan elevados como los de los países receptores de ayuda, de modo que en la mayoría de los casos ha resultado difícil conseguir y mantener la necesaria comprensión política, burocrática y pública y el apoyo a las reformas difíciles. La relevancia de los impulsores previstos del cambio en la Declaración (“el continuo apoyo político de alto nivel, la presión de grupo y las medidas coordinadas a nivel mundial, regional y nacional”) han variado enormemente de un donante a otro, y esto se ha reflejado en su aplicación desigual.

5.2 Principios: “¿En qué medida se han respetado y aplicado cada uno de los cinco principios y en qué medida se reflejan las prioridades de la Agenda de Accra?¿Por qué?”

A diferencia de la primera Fase, que se centró en la aplicación inicial, la Fase principal de la evaluación no se estructuró en torno a evaluaciones al nivel de los principios de la Declaración. El objetivo, después de este período más largo, fue pasar a un nivel más concreto de evaluación de los logros en comparación con los efectos previstos de la Declaración. No obstante, los principios rectores siempre han sido un elemento crucial de este amplio pacto internacional de reforma, y es importante que el progreso se evalúe también desde la óptica de los principios. Por otra parte, el Programa de Acción de Accra tuvo por objeto acelerar el progreso hacia los objetivos de la Declaración, y reforzó o acentuó una serie de compromisos y áreas de trabajo importantes.

Con esto en mente, la Matriz de Evaluación planteó las mismas preguntas para todos los estudios con el fin de proporcionar una base explícita para las evaluaciones de resumen de esta síntesis, junto con todas las conclusiones obtenidas de cada compromiso, en el marco de cada principio de París. Las conclusiones respecto de los principios figuran en detalle en el capítulo sobre las contribuciones a la eficacia de la ayuda y en el resumen más completo del progreso general hacia los efectos previstos, en el Cuadro 2.

En general, la evaluación concluye que de los cinco principios, la apropiación de los países ha avanzado más, con la alineación y armonización avanzando de manera más desigual, y la gestión de los resultados de desarrollo y la responsabilidad avanzando menos. Las implicaciones de este resultado se reflejan en las recomendaciones y mensajes de apoyo.

Tal vez la conclusión general más importante en la aplicación de los principios ha sido el fracaso evidente y casi universal para avanzar en la fabricación de la responsabilidad mutua di-recta más transparente, equilibrada y eficaz. Esta brecha es un obstáculo fundamental para llevar las asociaciones de ayuda a un nivel más maduro, y requiere medidas específicas para tratar de superar las dificultades reales y salir de este callejón sin salida. (Véanse las recomendaciones 3 y 6.) Es importante tener en cuenta los factores clave mencionados en las evaluaciones para explicar por qué tan pocos mecanismos directos de responsabilidad mutua se han desarrollado a pesar de los compromisos específicos a nivel de políticas para hacerlo. Estos incluyen:

  • la influencia desequilibrada o asimétricas relaciones, y sanciones entre los proveedores y receptores de la ayuda;


  • la geometría compleja en la que un país receptor de ayuda tiene que iniciar y estructurar los mecanismos para hacer frente a múltiples donantes/agencias en compromisos mutuos;


  • la falta de un marco generalmente aceptado para definir y medir la responsabilidad mutua de la ayuda, y


  • las tensiones con las preocupaciones de los donantes para satisfacer los requisitos de rendición de cuentas de las administraciones centrales, y el movimiento lento del compromiso de armonizar.

Respecto del Programa de Accra, en cambio, las evaluaciones nacionales no lograron obtener suficientes respuestas sobre el reflejo o la influencia del Programa hasta la fecha, como para respaldar una evaluación de síntesis significativa. Esto se debe, aparentemente, al corto período que ha transcurrido desde fines de 2008, pero también existen evidencias de que hasta la fecha, en la gran mayoría de los países se conocen menos los objetivos principales del Programa que los de la Declaración. Al mismo tiempo, algunas las evaluaciones sí incluyen evidencias de que en los países involucrados se visualiza y se valora claramente al Programa como hito importante para ampliar la participación y la apropiación de la agenda de las reformas, y para dar nitidez a algunos de sus aspectos y expectativas clave.

5.3 Logros: “¿Qué resultados ha logrado la Declaración de París en cuanto a la eficacia de la ayuda y los resultados de desarrollo? ¿Qué importancia tienen estas contribuciones? ¿Qué tan sostenibles son?”

En cuanto a la eficacia de la ayuda, la campaña de la Declaración ha logrado varias diferencias significativas[202] para aclarar y fortalecer las normas, y contribuyó al avance hacia los 11 resultados esperados establecidos en 2005; además, apoyó el incremento de los volúmenes de ayuda y mejoró la calidad de las asociaciones de ayuda. En cuanto a los resultados de desarrollo, se pueden rastrear algunas contribuciones significativas, por vías indirectas pero claras, hasta iniciativas más centradas y mejores resultados de desarrollo. La Evaluación cuenta con buena evidencia para establecer este nexo en el sector de la salud, que ha sido un foco de atención para las evaluaciones nacionales, pero cuenta con evidencia más escasa e incierta de otros sectores. En ambas áreas, eficacia de la ayuda y resultados de desarrollo, es probable que algunas de estas ganancias sean sostenibles, en tanto que otras siguen siendo frágiles.

La Declaración captó y centró la atención mundial sobre unas medidas ambiciosas, basadas en la experiencia, para mejorar la cooperación para el desarrollo y la ayuda. Aborda una serie de problemas que llevan 50 años generándose, y brinda una visión de condiciones mucho más ideales para la ayuda y, en última instancia, para el desarrollo sin ayuda. Sin dejar de reconocer que no se pueden resolver rápidamente todos los desafíos, se ha centrado en un plazo muy corto de cinco años para lograr mejoras cuantificables o visibles. No todos estos objetivos fueron realistas, o incluso cuantificables de manera fiable, pero sus principios y compromisos se han aplicado (aunque de manera gradual y desigual) entre los países socios, y con mayor desigualdad entre los donantes.

En un mundo cambiante de cooperación para el desarrollo, se ha aclarado la importancia de la “ayuda” y de la mejor ayuda. A pesar de comprender las demás influencias que dan forma al desarrollo, la complejidad que implica la gestión y mejora de las relaciones de ayuda, y la disponibilidad de otras formas y fuentes de recursos para el desarrollo, una cantidad sin precedentes de países socios, donantes y organismos se han mostrado dispuestos a invertir esfuerzos considerables en la mejora.

La eficacia de la Ayuda. La campaña de la Declaración ha hecho varias diferencias significativas, por ejemplo:

  • aclarar y fortalecer las buenas prácticas en las relaciones de ayuda, y así legitimar y reforzar expectativas mutuas más elevadas;


  • contribuir al avance, aunque a veces lento y modesto, hacia la mayoría de los 11 resultados establecidos en 2005, y en el proceso contribuir para mejorar los resultados de desarrollo;


  • apoyar al crecimiento de los volúmenes de ayuda, probablemente en combinación con los efectos sensibilizadores de los Objetivos de Desarrollo del Milenio; y


  • mejorar la calidad de varias asociaciones de ayuda, en base al fortalecimiento de los niveles de transparencia, confianza y apropiación por parte de los países socios.

Los cambios que se esperan de los países socios han sido más exigentes que los previstos para los donantes, pero la mayoría de los países socios que se evaluaron ahora han incorporado muchos de estos procesos de cambio, no sólo para mejorar la gestión de la ayuda, sino porque sirven a las necesidades nacionales de los países. Los desafíos del fortalecimiento de las capacidades, complejos y a largo plazo, son para la mayoría de los países las limitaciones más importantes, y no permiten “reparaciones rápidas” ni soluciones de origen burocrático. Sin embargo, los países socios aún pueden esforzarse más por identificar las prioridades de fortalecimiento de capacidades en determinadas áreas. Los donantes pueden esforzarse más para apoyar dichas prioridades de manera coordinada, a fin de fortalecer los sistemas nacionales mediante su uso, y reducir las prácticas que socavan el desarrollo sostenible de las capacidades.

En términos generales, los donantes, con algunas excepciones notables, han demostrado hasta este punto menor compromiso que los países socios para llevar a cabo los cambios que necesitan en sus propios sistemas.[203] Esto no es subestimar las dificultades que enfrentan los responsables directos de los países donantes para asegurar la atención necesaria de consenso y acción para la reforma. El Capítulo 2 sobre el contexto explica por qué este programa resulta especialmente difícil en los países donantes. Pero a pesar de las exigencias que implica, la campaña de la Declaración se entiende ante todo como un pacto entre las naciones. Los gobiernos que aprueban los proyectos- no sólo los distintos ministerios u organismos -son responsables de su rendimiento o su incapacidad para llevarlos a cabo. Se desprende de las evidencias reunidas que algunos donantes han sido muy descoordinados y ponen en riesgo su papel proactivo en la relación. Es así que la mayoría de los donantes han exigido altos niveles de cumplimiento por parte de los países socios como condiciones previas para sus propias reformas, en lugar de avanzar juntos de manera recíproca, y gestionar y compartir los riesgos con cierto grado de realismo. Además, debido a que este sistema previamente acordado cambia, la presión de grupo y la acción colectiva de los donantes aún no se han integrado lo suficiente en los sistemas de varios países donantes, y éstos quedan vulnerables a cambios imprevistos de políticas, como son el cambio de un Gobierno o un ministro.

El desempeño relativo de los organismos multilaterales en la aplicación de la Declaración y las buenas prácticas de ayuda aún es poco claro y controvertido, y la evaluación tuvo muy poca participación multilateral.[204] La mayoría de los organismos multilaterales principales se adhirieron a la Declaración y se han involucrado en sus procesos, aplicando sus propias medidas paralelas y controles.[205] Las evaluaciones nacionales indican cómo los organismos multilaterales se benefician de mayores libertades que los donantes bilaterales, como por ejemplo la capacidad, concedida por sus proveedores de financiamiento, para asumir compromisos plurianuales de ayuda, y cierto grado de aislamiento de las presiones políticas a corto plazo. La evaluación ha encontrado sugerencias de prácticas tanto buenas como malas por parte de los organismos multilaterales, pero no existen suficientes evidencias convincentes que respalden una conclusión sobre este punto.

Contribuciones a los resultados de desarrollo. El diseño de la Evaluación no tenía previsto que las mejoras en las prácticas de ayuda, si se lograban, pudieran llevar de manera directa o rápida a mejores resultados de desarrollo. Es decir, no se esperaba mejoras demostrables en las vidas de los habitantes de los países socios, especialmente en los sectores pobres y vulnerables, en un período de cinco años. Dado que muchos otros factores suelen ser más importantes que la ayuda para determinar estos resultados, las evaluaciones nacionales buscaron:

  • en primer lugar, evidencias de cambios en el desarrollo; y


  • en segundo lugar, evidencias plausibles en cuanto a si la ayuda ha contribuido a estos cambios; y


  • de ser así, evidencias plausibles de que las reformas de la ayuda puedan haber fortalecido la contribución de la ayuda.[206]

De hecho, los resultados superan las expectativas muy modestas de las contribuciones a los resultados en este corto período. Una muestra fuertemente representativa de las evaluaciones nacionales revela que las medidas basadas en la Declaración, implementadas antes de o desde 2005, han contribuido a enfocar más las iniciativas, especialmente a nivel sectorial. Además, estas evaluaciones revelaron que esas iniciativas ya habían contribuido a mejorar los resultados de desarrollo, con buenas perspectivas de ser sostenibles. Estos efectos se encontraron principalmente en el sector de la salud, que se había seleccionado para examinarlo más detalladamente en casi todas las evaluaciones nacionales.[207] Más allá de algunos efectos identificados en este sector “testigo” en mate-ria de salud, aún no existen evidencias suficientes para hacer monitorear las contribuciones plausibles de las reformas de la ayuda a otros resultados de desarrollo, como por ejemplo acelerar el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Si bien el nivel insuficiente de capacidades siguen siendo un obstáculo formidable en muchos países y la ayuda podría ayudar aún más, hay evidencias de que la ayuda y la reforma de la ayuda han contribuido, al menos en parte, a fortalecer a largo plazo las capacidades institucionales de desarrollo y el capital social.

La conclusión general de que en la mayoría de los países se ha avanzado poco en la priorización de las necesidades de los sectores más pobres, especialmente las mujeres y niñas, viene acompañada por evidencias de algunas contribuciones positivas de la ayuda, y de un valor añadido por las reformas y las operaciones basadas en la Declaración desde 2000-2005. Esta desconexión deja en claro los límites de la ayuda y las reformas cuando se enfrentan a obstáculos tan poderosos como las desigualdades arraigadas, a menos que haya un decidido compromiso nacional en favor del cambio.

Respecto de las modalidades de ayuda, la Evaluación demuestra que no existe una en particular (el apoyo presupuestario o sectorial, los programas o los proyectos) que cause automáticamente mejores resultados de desarrollo, y para los países socios y los donantes sigue teniendo sentido recurrir a una combinación de modalidades de ayuda. Al mismo tiempo, la mayor variedad de opciones e innovaciones en torno a las modalidades, especialmente el aumento del apoyo conjunto de los donantes a nivel sectorial, ha mejorado en la mitad de los países evaluados las contribuciones reales o potenciales a los resultados de desarrollo desde 2000-2005.

Sostenibilidad. En la mayoría de los países socios se advierte actualmente que la agenda de reformas de París sirve a otras necesidades importantes además de la gestión de la ayuda, y los procesos de cambio están firmemente arraigados, si bien aún avanzando gradualmente. Aunque en varios países todavía se necesita un ímpetu político más activo, el impulso básico del cambio se ha mantenido firme a través de cambios políticos y crisis de todo tipo; sin embargo, no ha provocado resultados espectaculares. Salvo algunas excepciones notables, para la mayoría de los donantes el compromiso, las capacidades y los incentivos para aplicar estas buenas prácticas no han sido lo suficientemente fuertes para consolidarlas más que como normas generales, ni para hacer los cambios necesarios. El pacto de reforma de la Declaración, sin embargo, depende de la mejora colectiva de los donantes para proporcionar un mejor apoyo combinado a los países socios, y no se puede esperar que los pocos donantes principales soporten una carga desproporcionada por tiempo indeterminado. Esta evaluación indica que hoy en día se necesita con urgencia una nueva infusión de compromiso colectivo por parte de los donantes, una reciprocidad más activa con los países socios y un manejo realista de los riesgos. De lo contrario, existe el peligro real de que se erosionen o se descompensen los beneficios que surgieron en la última década a consecuencia del pacto histórico para mejorar la eficacia de la ayuda, y que reaparezcan y posiblemente se afiancen las malas prácticas y el debilitamiento global de la ayuda al desarrollo.

5.4 Cargas: “¿Qué efectos ha tenido la aplicación de la Declaración en las cargas respectivas de gestión de ayuda de los países socios y los donantes, particular-mente en relación con posibles cambios en el volumen, la calidad y la propia relación de ayuda? ¿Estos efectos parecen ser transitorios, o son a largo plazo?”

La conclusión de esta evaluación es que los cambios introducidos por la Declaración no han reducido la carga general de la gestión de la ayuda. Sin embargo, han contribuido a mejorar la calidad de la misma y las asociaciones de ayuda, además de apoyar volúmenes crecientes de ayuda. Existen evidencias provenientes de algunos casos en que la forma de manejar la ayuda basada en la Declaración incrementó de hecho las cargas de los donantes y los países socios, como ocurrió con los fondos de varios donantes. Si se tiene en cuenta la evolución desde la primera fase de la Evaluación, no se puede concluir que los retrasos en la reducción de las cargas sean sólo transitorios, aunque es probable que se aborden prioritariamente los problemas de incremento de cargas que se han informado.

El primer efecto de la Declaración, en este sentido, ha sido legitimar y estructurar las prolongadas inquietudes sobre las cargas de la gestión de la ayuda como un tema más prominente y explícito que los países socios y donantes deben discutir seriamente. Para avanzar con la apropiación y la alineación, algunos países socios ya habían tenido la iniciativa de tomar medidas por su cuenta, como elaborar sus propias estrategias para gestionar la ayuda, o tomar medidas para limitar las cargas impuestas por las misiones de varios donantes sin coordinar. En la Declaración de Roma de 2003, los donantes ya habían reconocido formalmente la necesidad de reducir las cargas sobre los socios y de tomar ciertas medidas específicas para armonizar más la ayuda. En su filosofía y sus compromisos concretos, la Declaración reunió de manera coherente todos los temas relacionados y proporcionó plataformas tanto nacionales como internacionales para tratar de reducir las cargas, sobre todo en los países socios.

Los resultados iniciales captados en la primera fase de la Evaluación sugerían que los organismos donantes y su personal experimentaban mayores cargas en la gestión de la ayuda debido a la exigencia de un mayor nivel de consulta y trabajo analítico; por su parte, la carga de trabajo de la gestión tradicional de proyectos no había disminuido considerablemente. Estas cargas sobre las oficinas de campo de los donantes eran más graves en los sistemas donde la autoridad y la capacidad del personal permanecían centralizadas en las oficinas centrales. No estaba claro si el aumento de la carga de trabajo iba a ser permanente o transitorio. Los resultados de la primera Fase no mostraron tendencias ni análisis pronunciados de cambios en las cargas de gestión de la ayuda que recaían sobre los países socios, si bien esta “no aparición” inicial no era definitiva.

La tendencia general muestra que hasta la fecha se han reducido poco o nada las cargas globales de gestión de la ayuda. Existen excepciones, pero también otros casos en que las cargas parecen haber aumentado. Al mismo tiempo, en la mayoría de los casos se percibe que las nuevas prácticas mejoran la calidad de la ayuda, y proporcionan foros y mecanismos que les ayudan a los países a mantener una visión general y el control de sus relaciones de ayuda. Un buen número de evaluaciones no se pronuncian sobre los posibles efectos de las prácticas de la Declaración sobre las cargas de gestión de la ayuda de los países, a veces sugiriendo que los fuertes sistemas propios de los países han asegurado el control sobre las cargas. Por otra parte, varias evaluaciones registran quejas de los países socios sobre la carga de trabajo involucrada cuando, para la coordinación y la armonización, deben tratar con estructuras y mecanismos de varios donantes. En la evaluación del Afganistán se informa una fuerte percepción de que el aumento de estas estructuras y mecanismos aliviaría sus cargas, mientras que la reciente evaluación de varios donantes en Sudán Meridional determinó que la insistencia rígida en los enfoques armonizados había retrasado y limitado las respuestas de ayuda flexible que se necesitaban.

Ninguna de las percepciones sobre las tendencias de las cargas sobre la gestión de la ayuda se basan en comparaciones estructuradas con la situación previa a París,[208] ni en un esfuerzo deliberado de visualizar cómo habría sido la situación sin estas prácticas. Del mismo modo, hay muy pocos vínculos concretos entre estas cargas y los volúmenes de ayuda que se desembolsan, la calidad de la ayuda o la de las propias relaciones de ayuda. La mayoría de los informes proporcionan cifras sobre las misiones conjuntas de los donantes, y a veces sobre las individuales, por lo general en base a los resultados de la Encuesta de Seguimiento. Sin embargo, no existe ningún conjunto sólido de pruebas cuantitativas sobre las tendencias, ni siquiera para este indicador aparentemente directo.

Al evaluar los resultados obtenidos se debe tener en cuenta la aplicación incompleta y especialmente desigual, de las prácticas de París por parte de los donantes, ya que una de las premisas de los beneficios generales previstos era que los donantes coordinaran más sus acciones. No obstante, la situación ha mejorado claramente, especialmente si se tienen en cuenta las cargas abrumadoras sobre la gestión de la ayuda que varios países socios documentaban previamente a París, así como la imposibilidad de mantener en varios casos una supervisión básica de todas las actividades de ayuda en sus propios territorios. Como mínimo, algunas de estas mejoras se deben vincular con mayores expectativas en materia de respeto de la apropiación, suministro de información, consulta, coordinación y armonización de las actividades que propagó y legitimó la campaña de París. Los desafíos de gestión para los países han cambiado, ya que se necesita una supervisión más centralizada de la gestión y un compromiso político de alto nivel, pero la mayoría de las evaluaciones nacionales sugieren que esto ha sido clave para posibilitar la apropiación y la alineación nacional. Dado que es poco probable que disminuyan las elevadas expectativas actuales, es de esperar que estas mejoras modestas se sostengan.

Los donantes, al modificar su forma de manejarse de París en adelante, experimentaron cargas y beneficios desiguales. Cada donante y organismo, según la medida en que trató de aplicar los nuevos enfoques, tuvo que invertir más en trabajo analítico, diálogo y coordinación. Los estudios confirman que, en igualdad de condiciones, los que realmente descentralizaron más capacidad y autoridad hacia las oficinas de campo pudieron desenvolverse mejor. Sin embargo, sólo unos pocos donantes estuvieron dispuestos a y fueron capaces de invertir el tiempo, las habilidades y los incentivos suficientes y adecuados para promover y apoyar activamente los esfuerzos necesarios de comunicación, coordinación y facilitación, junto a los representantes nacionales, en nombre de la comunidad de donantes.[209] Los donantes y organismos que más se comprometieron a aplicar las buenas prácticas de la Declaración hicieron más de lo que les correspondía. El precio que pagaron fue una mayor carga en la gestión de la ayuda, mientras que otros donantes se limitaron a aprovechar los beneficios o participaron muy limitadamente. Es importante preguntarse por cuánto tiempo más estos donantes reformistas estarán dispuestos a y serán capaces de mantener sus subestimadas funciones adicionales, ante la falta de un equilibrio mayor en el compromiso y la distribución de la carga entre los donantes; esto último resulta de todos modos esencial para lograr los objetivos de la campaña en pos de la eficacia de la ayuda.

5.5 Valor: “¿Cuál ha sido el valor agregado de la cooperación para el desarrollo basada en la Declaración de París si se compara con la situación previa a la Declaración y con otros impulsores de desarrollo del país, otras fuentes de financiamiento para el desarrollo y otros socios de cooperación para el desarrollo (distintos a los que han refrendado la Declaración hasta ahora)?

Comparaciones previas a la Declaración. Incluso con los límites documentados de esta Evaluación, al comparar las prácticas actuales con la situación de la ayuda hace 20 años se obtiene un cuadro general actual de mucha más transparencia y mucha menos ayuda impulsada por los donantes. Se puede afirmar que las actividades competitivas e impulsadas sin reglas ni coordinación por los donantes, comunes hace 20 o 25 años, son ahora lo suficientemente inusuales como para atraer rápidamente la atención y la crítica, salvo en algunas situaciones de fragilidad y de socorro humanitario, donde aún son demasiado usuales. Al comparar el período posterior a 2005 con la situación inmediatamente previa a la Declaración, se debe concluir que la Declaración ha difundido compromisos e instrumentos de reforma que anteriormente sólo algunos países y donantes adelantados desarrollaban y probaban de manera fragmentaria. Esto elevó las expectativas de un cambio rápido, tal vez injustificadamente, pero también fortaleció las normas y los estándares acordados para mejorar las prácticas y la cooperación. El presente informe incluye abundantes evidencias de que estas normas se utilizaron para reforzar o legitimar las demandas de que se cumplan las buenas prácticas.

Como parte de este ejercicio, se evaluó la eficacia del enfoque de la Declaración a la reforma de la ayuda. La Evaluación constató que el alcance pretendido del programa era demasiado ambicioso, pero que probablemente era necesario que lo fuera para provocar la atención y la motivación para el cambio que se necesitaban. Dado que estaba basado en la prolongada experiencia de los países socios y los donantes, no es de extrañar que sus diagnósticos y prescripciones básicas hayan resultado de interés para las relaciones de ayuda, si bien en diferentes grados según las circunstancias. Un especial énfasis en el seguimiento y monitoreo de la aplicación de los acuerdos de París también resultó necesaria para mantener la presión para el desempeño y la responsabilidad recíproca.

Deficiencias y efectos inesperados. Han surgido varios a lo largo del proceso:

  • En su inicio, la Declaración era un compromiso político de alto nivel para lograr cambios históricos en las relaciones internacionales en beneficio de los resultados de desarrollo de los países socios. Más tarde se la interpretó y utilizó principalmente como un acuerdo entre gobiernos, de índole “técnica” y “orientada a los procesos”, que iban a gestionar los funcionarios. Como resultado, inicialmente no contó con el compromiso social y político necesario para impulsar cambios reales.


  • En diferentes maneras, el trabajo internacional sobre los compromisos de la Declaración ha resultado demasiado estrecho y a la vez demasiado amplio como para mantener la atención necesaria sobre las opciones políticas fundamentales:
    • Los 12 “indicadores de progreso” seleccionados para la Encuesta de Seguimiento, si bien eran esenciales para otorgar cierta “fuerza” de responsabilidad a los compromisos mutuos, no resultaron lo suficientemente representativos o confiables (en algunos casos), y en la práctica se convirtieron en el principal foco de atención y acción. Esto limitó la agenda de la reforma, al tiempo que exigía enormes esfuerzos nacionales e internacionales de seguimiento.


    • Si bien se necesitaba una superestructura internacional participativa y equilibrada para movilizar y sostener la campaña de reforma, las exigencias del proceso se volvieron opresivas para todos los participantes, especialmente los de los países en desarrollo. Brotó una “industria de la eficacia de la ayuda”, con una abrumadora cantidad de iniciativas y grupos de trabajo, reuniones y directrices especializadas internacionales. Sin embargo, dado que la escasez más crítica no es el análisis adicional sino la voluntad política, la “fatiga de la reforma de la ayuda” se ha convertido en un verdadero peligro, especialmente entre los dirigentes políticos y los encargados más importantes de formular y practicar las políticas.


    • La percepción de que existía una “fórmula” o modelo de Declaración desdibujó la expectativa inicial de que la estrategia se adaptaría a las situaciones y prioridades de los distintos países. Esto ha llevado a algunos cuestionamientos de la relevancia de la agenda de reformas, y al riesgo de que se fragmentara el consenso subyacente indispensable.


    • Como parte del fortalecimiento de un enfoque conjunto sobre resultados definidos para cada país, la Declaración puso de relieve la necesidad de que los países socios establecieran estrategias y prioridades nacionales de desarrollo, capaces de orientar las iniciativas nacionales e internacionales a nivel operativo. Como en toda experiencia de planificación, es difícil equilibrar la dirección y flexibilidad necesarias, y es posible que la Declaración haya pecado de un exceso de “planificadores” del desarrollo frente a una escasez de “buscadores”.[210] También dio lugar a expectativas y evaluaciones de desempeño divergentes.


    • Por el momento, la esperanza de que el proceso basado en la Declaración lograra una diferencia importante en el desequilibrio entre las responsabilidades tradicionales de los países donantes y los socios ha resultado infundada.


    • Esta evaluación no concluye, como sostienen varios, que la campaña de la Declaración se haya concentrado tanto en los procesos de ayuda, que como resultado tuvo el efecto no deseado de disminuir la atención y la acción sobre los resultados finales de desarrollo para los sectores pobres, el respeto de los derechos humanos y la demo-cracia, o la equidad en las relaciones internacionales. No existe evidencia sólida de tales efectos. La mejor manera de avanzar en cada uno de estos conjuntos de importantes prioridades mundiales es tema de debates animados y complejos, que están lejos de resolverse. Mientras tanto, en la medida en que las reformas de la Declaración puedan contribuir a generar mejoras en la ayuda, deberá servir para avanzar hacia estas metas, que también se reflejan explícitamente en sus objetivos.

El Foro de Alto Nivel de Accra reconoció problemas derivados de la Declaración y acordó algunos cambios de rumbo, pero la Evaluación constató que es demasiado pronto para evaluar la totalidad de sus efectos. Ahora le corresponderá al Foro de Alto Nivel de Busan, en diciembre de 2011, integrar a las futuras reformas de la ayuda las lecciones provenientes de la experiencia de la Declaración de París y el Programa de Accra.

Valor agregado, junto a otros impulsores del desarrollo en el país y otras fuentes de financiamiento del desarrollo. La Declaración se estableció originalmente en un marco que reconocía el contexto más amplio y los factores claves nacionales e internacionales que afectaban al desarrollo, mucho más allá de los programas de ayuda. No obstante, las suposiciones sobre la posible función de la ayuda siguieron siendo exageradas, sobre todo en los países donantes, al igual que las expectativas de reformas rápidas en los países socios.

Gran parte de la evidencia de la Evaluación sugiere que la ayuda y el trabajo de reforma de la ayuda a menudo siguen funcionando en un mundo propio, con directivos y técnicos del lado de la prestación y de la recepción, que manejan sus agendas y expectativas especializadas. Una perspectiva más amplia y un sentido de la proporción serán necesarios para llevar las reformas para la eficacia de la ayuda a su máximo potencial. Tanto los países socios y donantes también tendrán que fomentar y aprovechar mejor las fuerzas mucho más poderosas y políticas de desarrollo que se encuentran más allá del ámbito de la ayuda.

Valor agregado junto con los socios de cooperación para el desarrollo más allá de los que hasta la fecha han refrendado la Declaración. Los actores, las relaciones y los acuerdos de cooperación para el desarrollo se han multiplicado y han tomado formas diferentes, muchas de las cuales se basan principalmente en intereses normales en las relaciones internacionales. Al usar una definición genérica de “ayuda” para distinguirla de otras formas de apoyo comercial, político o militar, se ha podido obtener un cálculo aproximado actual. Según esta cifra, los proveedores no signatarios de la Declaración desembolsan aproximadamente una cuarta parte de la cantidad de ayuda que prestan los donantes de la OCDE-CAD. El estudio temático de la Evaluación sobre este tema indica una escasez crítica de transparencia y de datos fiables sobre muchas de estas otras formas y flujos de cooperación. Añade la valoración de que los avances principales de la Declaración y el Programa de Accra sobre la transparencia, los criterios de eficacia de la ayuda y la responsabilidad recíproca se deben preservar y promover aún más, con el fin de incluir a los proveedores no signatarios de la Declaración.

El Foro de Accra también reconoció que en los últimos años, los agentes de cooperación para el desarrollo, las relaciones y los acuerdos se han multiplicado y han tomado formas diferentes. Al examinarlos, muchos de estos tipos de “cooperación para el desarrollo” son enfoques adicionales o variaciones de la cooperación económica, política y de seguridad que siempre han sido parte de las relaciones internacionales y regionales. Se basan en intereses nacionales y mutuos, y tienen sus propias lógicas y reglas.

El estudio temático de la Evaluación sobre otros flujos de recursos[211] ha resultado útil como presentación general de este panorama cambiante, y de las distinciones importantes a tener en cuenta cuando se observan los diferentes tipos de cooperación. El estudio trae a colación que la campaña de la Declaración de la reforma se ha ocupado especialmente de una corriente fundamental y distintiva entre estos diferentes tipos de cooperación: la ayuda al desarrollo, o mejor expresada, los “flujos de financiamiento oficial, administrados con el objetivo principal de promocionar el desarrollo económico y el bienestar de los países en desarrollo, que tienen condiciones de concesión” (es decir, que incluyen un factor concesionario sustancial). Se considera que esta definición, en su forma genérica, establece límites razonables para la “ayuda” a diferencia de otras formas de apoyo comercial, político o militar.

En su forma de “Ayuda Oficial para el Desarrollo”, este tipo de asistencia para el desarrollo, que no existía antes de 1945, ha desarrollado desde entonces amplios mecanismos y prácticas para proporcionar información transparente y fiable, y para mantener y reforzar su misión distintiva. Así, por ejemplo, se han elaborado disciplinas importantes para distinguir a la inversión privada, el financiamiento de exportaciones, los créditos mixtos y la ayuda comercialmente “vinculada”, así como la asistencia militar. Se han invertido muchos más esfuerzos para mejorar la calidad de la ayuda. Las iniciativas que condujeron a la Declaración fueron por lo tanto la culminación de décadas de trabajo para fortalecer la misión de desarrollo y la eficacia de la ayuda.

El estudio temático indica una falta crítica de transparencia y de datos fiables sobre muchas de estas otras formas y flujos de cooperación para el desarrollo, pero estima que el total mundial de flujos de “ayuda” que la Declaración aún no abarca es de unos 28.000 a 29.500 millones de dólares estadounidenses anuales. En comparación, la ayuda proveniente de las fuentes de la OCDE/CAD es de aproximadamente USD 125.000.000.000. El estudio concluye que la función fundamental de estos proveedores de ayuda no adheridos a la Declaración sugiere una necesidad aún mayor que antes de información transparente, coordinación, armonización y liderazgo de la gobernabilidad, ya que la cantidad y diversidad de nuevos actores, especialmente las organizaciones de la sociedad civil, incrementa cada vez más los “costos de transacción” para los países receptores de ayuda. Además añade la valoración de que los avances principales de la Declaración y del Programa de Accra sobre la transparencia, los criterios de eficacia de la ayuda y la responsabilidad recíproca se deben preservar, promover y extender con el fin de incluir a los proveedores no signatarios de la Declaración.

5.6 Implicaciones: “¿Cuáles son las principales implicaciones para la eficacia de la ayuda en el futuro, si se tienen en cuenta los nuevos desafíos y oportunidades (como el cambio climático) y los nuevos actores y relaciones?”

Esta Evaluación indica que, en la medida en que las formas preexistentes y nuevas de cooperación para el desarrollo aspiren a la misión de asistencia para el desarrollo, los principios y las normas de buenas prácticas elaborados y ahora probados en las reformas de la Declaración pueden proporcionar una base sólida y transparente para garantizar su eficacia. Mediante la aplicación y adaptación de estas disciplinas, las nuevas formas de ayuda al desarrollo pueden evitar la repetición de antiguos errores y la laboriosa negociación de disciplinas nuevas.

El panorama cambiante de hoy en día incluye una gama más amplia de actores gubernamentales, incluyendo algunos que reciben y también proporcionan ayuda, organizaciones regionales, fondos e iniciativas mundiales, fundaciones, empresas y organizaciones de la sociedad civil. El interés y la actividad en la cooperación “Sur-Sur” y “triangular” han venido creciendo rápidamente, al igual que el compromiso de las autoridades regionales y locales. La sección del presente Informe que precede inmediatamente a ésta ha señalado razones importantes para reflejar estas nuevas realidades en las iniciativas de la eficacia de la ayuda.

El financiamiento para países en desarrollo destinado a combatir el cambio climático se ha convertido en una característica importante y creciente de los flujos inter-nacionales de financiamiento, y llegan posiblemente a rivalizar en magnitud con la Ayuda Oficial al Desarrollo. Tiene muchas corrientes diferentes, aún le falta mucho más trabajo de negociación y construcción de instituciones. No obstante, queda claro que estas formas de financiamiento generararán muchas de las mismas dificultades que ya enfrentan las demás formas de ayuda y quizá aún más. Sin embargo casi no se está pensando ni planificando coherentemente la manera de adaptar y aplicar las lecciones y buenas prácticas de la ayuda eficaz a estos nuevos flujos de financiamiento. Existen diferentes instituciones involucradas, tanto en los países socios como en los donantes y a nivel internacional. Sólo se han iniciado los primeros debates provisorios sobre la forma de anticipar y manejar las inquietudes sobre la eficacia. Esta es una cuestión crítica de coherencia de políticas, y merece una atención importante de alto nivel durante los próximos meses.

Con miras al futuro de la ayuda y la manera de garantizar su eficacia, las conclusiones de la Evaluación destacan cinco lecciones principales:

  1. La mayoría de principios y normas acordados para las buenas prácticas de ayuda y recogidos en el consenso de la Declaración han demostrado su validez y han comenzado a producir mejoras. Para evitar reversiones o ciclos nuevos de malas prácticas, es necesario enfocar y ampliar aún más este impulso reformista.


  2. En todos los países, la ayuda es un factor limitado de contribución para el desarrollo entre muchos impulsores, obstáculos y recursos poderosos, y esta gama de factores se está ampliando. Esto señala la necesidad de expectativas más realistas en ambos lados de las relaciones de ayuda (incluida la necesidad de aceptar y manejar los riesgos, y de mantener apertura para seguir aprendiendo). Al mismo tiempo señala la necesidad de contribuciones de ayuda más centradas en las áreas donde se pueda gestionar adecuadamente la ayuda para que añada la mayor cantidad de valor en términos de resultados.


  3. Es necesario simplificar los procesos para garantizar la eficacia de la ayuda, reafirmar el compromiso con las normas demostradas, pero aplicarlos a contextos nacionales individuales con la flexibilidad apropiada.


  4. Una mayor coherencia política será muy importante. Este es el caso de los países socios y proveedores de ayuda. Se aplica sobre todo frente a nuevas pruebas, tales como la necesidad de garantizar la efectividad del cambio climático y otras nuevas fuentes de financiación del desarrollo. Los donantes deben trabajar hacia una mayor coherencia - como un grupo y de forma individual, a través de sus diferentes ámbitos políticos que afectan al desarrollo, y en varios casos, incluso dentro de sus propios sistemas de ayuda interna.


  5. La participación y la propiedad en la campaña internacional de mejora de la ayuda se debe ampliar lo antes posible para involucrar más actores y estilos de cooperación. Sin ir más allá de los límites de la ayuda, proporciona una ruta clave para la mejora de otras relaciones distintivas de cooperación.

5.7 Áreas clave identificadas para trabajar más allá de la Evaluación

Es bastante evidente que esta Evaluación, si bien constituye un aporte importante al examen de las anteriores reformas de la ayuda y la fijación de rumbos para el futuro, no será la última palabra. Se unirá a otros varios flujos de trabajo para su examen en el Foro de Alto Nivel sobre la Eficacia de la Ayuda en diciembre de 2011 y posteriormente. En el curso de este trabajo, sin embargo, los participantes han identificado varios temas de distintos tipos cuyo análisis y evaluación posterior serían de gran ayuda para profundizar la comprensión inter-nacional y promover el progreso. A continuación se enumeran estos temas para su consideración.

  • Desarrollo de capacidades: ¿Cómo abrirse paso?
  • La eficacia de la ayuda y las organizaciones de la sociedad civil (OSC): a la luz de las iniciativas propias de las OSC para Busan.
  • Ir más allá de la ayuda: la coherencia de las políticas para el desarrollo.
  • Obtener influencia política en los países donantes a favor de una cooperación para el desarrollo liderada por los países socios.
  • La cooperación multilateral y la reforma de la ayuda: La situación actual y las direcciones futuras.
  • Seguir profundizando en los análisis sectoriales de las evaluaciones nacionales.
  • Promover el manejo compartido de riesgos en la cooperación para el desarrollo.
  • Examinar las explicaciones para los diferentes resultados provenientes de la ayuda y la reforma en el sector de salud y para priorizar los sectores más pobres.
  • La cooperación regional y la reforma de la ayuda
  • Si no cuenta con la cobertura de otros flujos de trabajo para Busan:
    • La fragilidad y la eficacia de la ayuda (por ej., INCAF, G7+).
    • La eficacia de la cooperación Sur-Sur.
    • El avance hacia la gestión dirigida a los resultados de desarrollo.
    • Mejorar la responsabilidad recíproca.

[200] Un cuadro de la página 25 del anexo técnico se ofrece un resumen de la evidencia en los indicadores de la Encuesta de Seguimiento que se plantean en la evaluación. Cabe señalar que esta no es una evaluación sistemática y deliberada de los propios indicadores, sino más bien un reflejo de los resultados que le pasó a surgir dentro de los estudios por país de la Evaluación. Los informes de Colombia y Vietnam proporcionar la mayoría de los ejemplos.

[201] Después de un comienzo lento, los Estados Unidos, que son el mayor donante, han otorgado desde 2009 una relevancia mucho mayor a la campaña de la Declaración.

[202] Se entiende que el término “significativo” implica lo contrario de insignificante o trivial, pero menos que importante.

[203] Una declaración contundente de este punto es la siguiente: “...la naturaleza asimétrica de la relación de ayuda... desmiente la retórica de las asociaciones y se refleja en la falta de sanción efectiva alguna para los donantes que no cumplen con sus compromisos. Mientras los donantes no han llevado a cabo correcciones administrativas simples, tales como la coordinación de sus análisis y misiones, a los Gobiernos se les ha exigido cambios enormes y complejos, en áreas como la gestión de las finanzas públicas.” Mozambique, página 47.

[204] Dos organismos multilaterales (los Bancos Asiático y Africano de Desarrollo) y un grupo de organismos (el Grupo de Desarrollo de la ONU) han llevado a cabo estudios en el marco de esta Evaluación.

[205] Como indicación de las razones posibles para un enfoque paralelo, el Informe de Seguimiento de la UE sobre los mecanismos de División del Trabajo (op. cit.) señala que algunos organismos multilaterales declaran a nivel nacional que sus estatutos les impiden participar en los procesos de DoL”.

[206] Cf. Mayne, J (2001) ’Addressing Attribution through Contribution Analysis: Using Performance Measures Sensibly’; The Canadian Journal of Programme Evaluation Vol.6, No. 1, Canadian Evaluation Society. Véase la discusión en el Anexo Técnico.

[207] El fundamento original para elegir el sector de la salud está resumido en el Anexo Técnico.

[208] Tanto los cargos en las oficinas como los recuerdos suelen durar muy poco.

[209] Este tipo de funciones de liderazgo entre los donantes han sido reclamadas a nivel nacional y sectorial, y los intereses personales y atributos entre el personal de los principales donantes han desempeñado una función junto con las políticas institucionales. En ocasiones, los actores multilaterales han asumido algunas de estas funciones como parte natural de sus mandatos comunitarios.

[210] Easterly, W (2007) The White Man’s Burden: Why the West’s Efforts to Aid the Rest Have Done So Much Ill and So Little Good New York: Penguin

[211] Prada, F et al, op. cit.pp.39-42




Esta página forma parte de la publicación 'LA EVALUACIÓN DE LA DECLARACIÓN DE PARÍS, FASE 2 ', como capítulo 10 de 11
Edición 1.0 de la publicación, con fecha de la versión 07-07-2011,
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